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Arrecia la carrera de mexicanos por el desarrollo de vacunas contra COVID-19

2020-09-01 María José Ramírez/Grupo Expansión
vacuna mexicana COVID19

México también se sumó a la carrera por el desarrollo e investigación de una vacuna contra COVID-19, con la postulación de cuatro proyectos

México presentó cuatro proyectos de posibles vacunas contra COVID-19 ante la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) para obtener financiamiento para ellos. Aunque, de acuerdo con Esther Orozco, el organismo respondió que las investigaciones deberían avanzar más para que les otorguen recursos.

Estos cuatro proyectos están trabajando para crear una vacuna que proteja a los mexicanos. Uno de los proyectos es dirigido por la empresa veterinaria Avimex en alianza con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), otro pertenece al Instituto de Biotecnología de la UNAM, el tercero es presentado por la Universidad Autónoma de Querétaro, y el cuarto lo realizan investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California y del Tecnológico de Monterrey.

El Instituto de Biotecnología de la UNAM se encuentra diseñando una vacuna recombinante, mientras que la vacuna de Avimex se encuentra basada en una plataforma de uso veterinario. El proyecto del Tec con la Autónoma de Baja California busca encontrar el código del virus para “apagarlo”. En el caso de la Autónoma de Querétaro se trata de una vacuna de péptidos.

Los proyectos habían estado operando con recursos propios de las universidades o de las empresas mismas, en el caso de Avimex. Sin embargo, el pasado 24 de agosto, el canciller Marcelo Ebrard anunció que se financiarán los proyectos con la creación de un fondo de 80 millones de pesos, gracias a recursos de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), así como de entidades extranjeras y fundaciones privadas.

Sin embargo, los desarrollos de vacunas también podrían recibir recursos a través de instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) o la Secretaría de Educación, Ciencia Tecnología e Innovación (SECTEI) de la CDMX.

 

Así van los desarrollos

De acuerdo con Cecilia Bañuelos, ingeniera biotecnóloga e investigadora en el Programa Transdisciplinario en Desarrollo Científico y Tecnológico para la Sociedad del Cinvestav, los proyectos presentados prácticamente se encuentran en la fase preclínica, es decir, aún están en etapas tempranas del desarrollo.

Cecila Bañuelos afirmó que, independientemente de la postulación ante la Coalición, se impulsará el desarrollo de vacunas y reactivar esa capacidad en nuestro país en beneficio de México y de la propia región.

Asimismo, la investigadora señaló que se encuentran trabajando en alianzas, “entre la cancillería y la Secretaría de Salud, Laboratorios Birmex, Cofepris, que son las principales instancias, los institutos nacionales de salud o el IMSS para la validación de los protocolos clínicos”.

Bañuelos resaltó que, aunque se están desarrollando protocolos acelerados, ningún paso del proceso es eliminado, ya que es muy importante garantizar las condiciones de seguridad y de inocuidad, “de que realmente la vacuna no va a traer más problemas que resolución al estado de salud”, agregó la investigadora.

Desarrollar vacunas es un proceso largo y complejo. De acuerdo con Bañuelos, dada la situación actual, lo que se pretende es acortar de manera significativa el proceso para que se dé con la vacuna, prácticamente, en un año-año y medio.

Se trata de una apuesta muy grande, tanto por los términos económicos como por el esfuerzo y la probabilidad de éxito. En este momento hay, en el mundo, 150 y 200 vacunas en desarrollo y todas en distintos estadios de validación.

“Pero, al final, de todas esas es muy probable que muy pocas lleguen ya no digo al mercado, sino a la eficacia que se requiere en la población a nivel mundial”, advirtió la investigadora.

Además, son más las vacunas candidatas que se quedan en la etapa preclínica que las que logran avanzar a los ensayos. “Lo que se sabe es que la probabilidad de éxito de una vacuna que está en fase preclínica está en el orden del 7% y claro que se va a incrementar si llegas a la fase clínica, la probabilidad de éxito, pero sabes que se incrementa del 15 al 20%, o sea, es una apuesta muy grande”, agregó Bañuelos.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), dada la contingencia sanitaria, está tratando de apoyar de manera acelerada la revisión de estos protocolos. Una de las estrategias que se han implementado fue acercarse a la comisión para que conozca los proyectos y con antelación alerte qué le pudiera hacer falta a cada proyecto para que los investigadores vayan avanzando en las evidencias.

“Eso es muy alentador, porque vas de la mano de la instancia que después te va a evaluar. Ya cuando te prueban cómo vas a desempeñar el protocolo clínico empiezan las fases (1, 2, 3 y 4)”, afirmó Bañuelos.

Es muy probable que lleguen al éxito las vacunas que empezaron a hacerse a postularse en otros países, como la vacuna de la Universidad de Oxford, la de Moderna, la de Pfizer, o la de Sanofi. Pero, la capacidad de empresas tiene ciertas limitantes en infraestructura, “aunque ya tengas la manera de formular o de tener el cómo hacer el producto hasta su etapa final, ya comercializable, el punto es que una sola empresa no se va a dar abasto para producir los millones de dosis que se requieren a nivel mundial”, agregó Bañuelos.

Por ello se realizan alianzas para la transferencia tecnológica, para que, en cada país, de acuerdo a sus capacidades y su industria local, se pueda generar esa misma vacuna con procesos de licenciamiento de los derechos de producción de la vacuna.

 

La vacuna del Instituto de Biotecnología de la UNAM

El proyecto de Biotecnología de la UNAM es encabezado por Laura Palomares y hasta el momento de la entrevista aún se encontraban analizando las primeras muestras, por lo que no hay resultados concluyentes.

Se trata del desarrollo de una vacuna recombinante de la que se extrae información genética de los anticuerpos que los pacientes curados de coronavirus generaron durante el ciclo de la enfermedad.

“Por lo pronto, lo que han sido las caracterizaciones, antes de las pruebas con animales han sido prometedoras. No hemos observado ningún efecto adverso, los animales están muy bien”, señaló la investigadora.

Desarrollar una vacuna requiere muchos pasos, y Palomares lo piensa como si se tratara de una escalera, pues para subir cada nuevo escalón es necesario cumplir con los requisitos del anterior. Como el desarrollo aún se encuentra en las pruebas preclínicas, no se sabe si logrará cumplir con todos los requisitos. “Podría ser que nos quedáramos en el camino si no podemos avanzar”, añadió Palomares.

Pero el desarrollo de vacunas requiere una inversión, y el proyecto que encabeza Palomares está esperando fondos para poder avanzar más rápido. “Si tuviéramos todo el financiamiento que requerimos pues podríamos iniciar pruebas en humanos para finales de este año. Pero sin financiamiento esto puede tomar mucho más tiempo”, adviertió la investigadora.

Para poder continuar con el proyecto, el financiamiento depende de cada uno de los pasos, y en la parte de las pruebas humanas se estima que necesitaran 35 millones de pesos.

Además de la Coalición, el proyecto puede obtener financiamiento de la industria nacional. De acuerdo con Palomares, hay un par de grupos que están interesados en financiarlo. “La idea es que se use infraestructura común y que las inversiones puedan ser comunes para varias vacunas, útiles para varios desarrollos”, señaló la investigadora.

Uno de los retos más grandes en la carrera por la vacuna es lograr su producción masiva. Pensando en la infraestructura para esta vacuna que se busca desarrollar, por lo que necesitan de una planta capaz de fabricar el principio activo, idealmente en México.

Para hacer llegar las dosis de la vacuna al público, la investigadora aseguró que ya están en pláticas con Laboratorios Liomont, una farmacéutica mexicana que cuenta con una planta de biotecnología con la capacidad para hacerlas. Sin embargo, lo primero que se necesita es el financiamiento.

 El proyecto que encabeza también tiene una alianza con una empresa Argentina y con una serie de colegas en Estados Unidos, con quienes han colaborado desde hace tiempo. “De esta manera podemos formar grupos sólidos que nos permitan avanzar, digamos, con pasos más firmes”, recalcó Palomares.

Sobre si podrían coexistir diversas vacunas contra el SARS-CoV-2, la investigadora aseguró que no habría ningún problema con ello, pues lo ideal es que coexistan, porque si se tiene una sola vacuna de un solo proveedor, podría ser más fácil que sucedan imprevistos, como el desabasto de esta.

“Lo mejor es tener varias opciones para que pueda haber seguridad de que la cadena de suministro esté activa y se puedan contar con las vacunas de manera puntual”. Si existen dos o tres vacunas para la COVID-19 no son excluyentes de otras nuevas que puedan aparecer.

 

Proyecto de la Universidad Autónoma de Querétaro

La Universidad Autónoma de Querétaro también está desarrollando un proyecto de vacuna contra la COVID-19. En entrevista con Juan Joel Mosqueda Gualito, profesor de inmunología y biología celular y quien encabeza el proyecto, aseguró que se encontraban en la fase preclínica y aún necesitan pasar las tres fases clínicas de evaluación para después someterlo a aprobación por las entidades regulatorias.

“Ahorita estamos en los ensayos de inmunización, entonces, todavía no hemos, digamos, evaluado los resultados de estos ensayos porque hay que dar un par de dosis a los animales antes de evaluar la respuesta inmunitaria. Entonces, nos encontramos en esta fase de la evaluación de la respuesta inmune en animales de laboratorio”, agregó el investigador.

Mosqueda Gualito señaló que no habían observado efectos adversos en las pruebas en animales. “Se evalúa la molestia, la inflamación, la irritación y hasta ahora nosotros no hemos observado nada de eso, pero también es cierto que los animales llegan a desarrollar cierta molestia conforme pasa el tiempo o conforme se les van dando más dosis. Entonces, en esa fase estamos ahora”, agregó el profesor de la UAQ.

Como esta investigación está apoyada por el gobierno federal, la idea era tener una vacuna evaluada a finales de año. Sin embargo, el problema principal son los fondos. “Sin financiamiento es imposible seguir a las siguientes etapas. En esa parte estamos nosotros, vamos a tener que depender de la existencia de este financiamiento para poder cumplir las metas en ese tiempo”, agregó Mosqueda.

En un principio se habló de requerir 40 millones de pesos, que se obtendrían de convocatorias a nivel internacional. Sin ese financiamiento tendrán que aplicar un plan B: ir obteniendo apoyo fase por fase, y decirle al gobierno el monto necesario para cada una.

“Nosotros habíamos estimado un monto de 14 millones de pesos, que eso es lo que estamos solicitando al gobierno federal. Es lo que estamos solicitando para la fase 1 y 2, para las dos, en conjunto”, aseguró el investigador.

El gobierno federal les pidió un presupuesto, por lo que consideran que se evaluarán las pertinencias de los proyectos y revisar los recursos que el gobierno tiene disponibles.

La producción de la vacuna depende más de las empresas que se encarguen de esas etapas. “En ese sentido, el nivel de producción es relativamente rápido, no debe ser más de 3 a 5 meses”, aseguró Mosqueda y agregó que es un proceso más rápido que el del desarrollo, pues el proceso de producción ya se estandarizó y sólo es necesario que se produzca en grandes cantidades.

Para la Universidad Autónoma de Querétaro las alianzas no sólo son fundamentales, sino necesarias, porque la universidad “tiene la experiencia y capacidad de hacer cierta etapa del proceso de evaluación de la vacuna, pero no todas las etapas y para eso es por lo que nosotros necesitamos aliarnos con otras instituciones que tienen esas instalaciones o esa capacidad”, agregó Mosqueda.

El investigador señaló que tienen una alianza con el Instituto Politécnico Nacional (IPN); además, acordaron una alianza para las siguientes fases de evaluación clínica con la Facultad de Medicina de la UNAM y con el Instituto de Nutrición Salvador Zubirán.

La idea no es generar una sola vacuna efectiva en el mundo, sino que se generen todas las posibles, porque una sola empresa no podría cubrir la demanda de producción para toda la población mundial.

“Lo ideal es que muchas vacunas se produzcan por muchas empresas y así cada empresa supla las necesidades de uno o varios países. Yo creo que ya cada país va a decidir con qué vacuna se queda dependiendo de muchos factores: la factibilidad de producción en el país, o el costo, o la eficacia”, señaló el investigador.

Sobre las vacunas que se busca desarrollar en México, Mosqueda señaló que, si el gobierno va a pagar la producción de la vacuna, probablemente elegiría la más factible.

Si en un escenario hipotético estos cuatro proyectos pasaran todas las evaluaciones y resultaran ser efectivas, quizá el gobierno produciría la que le resulte más conveniente, ya sea por costo o mayor eficacia.

En el caso de que las empresas decidan financiar la producción de esa vacuna, también se beneficiarían, porque tendrían una cierta ganancia de producir una vacuna.

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