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COVID-19: ¿por qué (pese a todo) sí sirve el confinamiento?

2021-03-23 María José Ramírez/Grupo Expansión
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COVID-19: ¿por qué (pese a todo) sí sirve el confinamiento?

Tras 12 meses de la llegada del nuevo coronavirus al territorio mexicano, así es como se ha vivido el confinamiento por la pandemia en México.

Hace casi un mes que se cumplió un año de que se registrara el primer caso de COVID-19 en nuestro país: un hombre de 35 años que había viajado a Bérgamo, Italia. También hace un año se registró la primera muerte por el nuevo virus, en ese momento el país sumaba 118 contagios y, para entonces, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había declarado la pandemia global.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud, hasta el 22 de marzo de este 2021 había 2,197,160 casos acumulados y el total de defunciones confirmadas llegó a 198,239. El mapa de coronavirus creado por el New York Times señala que tan solo la CDMX acumula un total de 595,468 casos, le siguen el Estado de México con 228,864 casos; Guanajuato con 125,374, y Nuevo León con 118,441.

Aunque hace un año se estableció un confinamiento, los contagios no han podido detenerse. El 23 de marzo del 2020, las autoridades declararon la Jornada Nacional de Sana Distancia, una estrategia para garantizar el distanciamiento social; sin embargo, no se trató de una medida estricta, aunque sí llevó al cierre de escuelas y actividades no esenciales. El plan, que pretendía terminar el 19 de abril, se extendió hasta finales de mayo.

Asimismo, parte de la jornada contemplaba otras medidas básicas de prevención, como el estornudo de etiqueta, el lavado frecuente de manos, evitar el saludo de mano o los abrazos. En cuanto a los adultos mayores, reconocidos como la población más vulnerable, las recomendaciones eran —y siguen siendo— evitar exponerlos con visitas o abrazos, además de no salir más allá de lo indispensable.

Incluso cuando durante más de dos meses se llevó a cabo un confinamiento en México, el número de contagios continuó creciendo, mientras que en otros países parecía funcionar bastante.

 

Pero ¿funciona el confinamiento?

Las medidas de distanciamiento social son claves para frenar la propagación del virus y evitar la saturación de los sistemas de salud. De acuerdo con investigadores del Imperial College London, el aislamiento social y el confinamiento han sido medidas que han conseguido reducir la velocidad de transmisión de la COVID-19.

Asimismo, el estudio apunta que en distintos países las medidas en conjunto (uso de cubrebocas, distanciamiento social) mantuvieron la epidemia bajo control, sin embargo, el confinamiento tuvo el efecto más fuerte, aunque no sea el único camino para controlar el virus.

Jorge Baruch Díaz Ramírez, jefe de la Clínica del Viajero de la UNAM, explica en entrevista con Conexión ExpoMed que el confinamiento, ya sea parcial o total, ha funcionado, esto se debe a que “uno de los elementos clave para la transmisión comunitaria del SARS-CoV-2 es la interacción social, sin esta no se podría transmitir el virus. Entonces, se requiere forzosamente que haya interacción social y el confinamiento la modera o la suprime, dependiendo de qué tan radical o parcial sea.

Como lo apunta el experto, el confinamiento puede ser parcial o total, esto depende del tipo de gobierno que encabece al país, así como el desarrollo socioeconómico, la conectividad que tiene con otras naciones, y la interdependencia.

En un gobierno democrático es difícil sostener un confinamiento total por largos periodos de tiempo y de manera repetida, aunque sí es factible que lo hagan por un periodo corto. Por ejemplo, los alemanes han estado viviendo bajo diferentes niveles de restricciones, pero ante un incremento de las infecciones, Alemania tendrá un estricto confinamiento en Pascua. Del 1 al 5 de abril las tiendas estarán cerradas y las de comestibles podrán abrir un solo día; asimismo, no podrán reunirse más de 5 personas de dos hogares.

Aunque el confinamiento estricto puede ayudar a frenar los contagios, no siempre es posible mantener a la población en casa, pocas naciones pueden replicar la cuarentena (60 días) que se vivió en Wuhan a principios de la pandemia.  Díaz señala que en algunos países asiáticos tienen un gobierno socialista y pueden implementar medidas más estrictas de control de la interacción, esto no puede llevarse a cabo en gobiernos democráticos.

Además, cuando se trata de la interdependencia hay que mirar los contextos de cada país. Para las islas es más fácil cerrar la movilidad y la interconexión en comparación con países como México, es parte del principal corredor migratorio en el mundo y, prácticamente, es una de las puertas de entrada hacia Latinoamérica, ahonda Díaz y agrega que es más difícil que se dé un confinamiento total en países con una alta interconectividad e interdependencia.

El nivel de desarrollo económico es otro de los factores que deben contemplar cuando se trata de los confinamientos más estrictos, ya que los países con economías en vías de desarrollo tienden a fallar más en estos confinamientos, Díaz explica que esto se debe a que sus economías no son aptas para resistir una crisis económica prolongada, o incluso de días, que conlleva una parálisis total.

“Las economías desarrolladas tienen la suficiente cantidad de recursos para poder dispersarlos entre la población por una cantidad de tiempo superior al de los países en vías de desarrollo, y, por ende, pueden, tras esa capacidad, implementar un confinamiento repetido y por tiempos más prolongados”, subraya el experto.

 

Ya empezó la vacunación, ¿podemos olvidar el confinamiento?

En México, como en otras partes del mundo ya se ha implementado una campaña de vacunación masiva; hasta ahora se han administrado más de 5.7 millones de vacunas a cerca de 5 millones de habitantes, según cifras de las autoridades. Más de 4 millones de personas de la tercera edad han recibido la primera dosis, mientras que cerca de 119,000 ya cuentan con ambas. De igual forma, más de 851,000 profesionales de la salud han recibido una primera dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech, y alrededor de 597,000 ya cuentan con la segunda dosis.

Lo anterior no quiere decir que el confinamiento que ha llevado el país y el distanciamiento social puedan relajarse, pues para ello se requiere previamente que la población alcance la inmunidad de rebaño (75%).

Díaz afirmó que la vacunación no incidirá aún en la reducción de la transmisión comunitaria del SARS-CoV-2.

 “Hasta que no alcancemos la proporción de personas vacunadas para obtener la inmunidad de rebaño, la vacunación no va a tener un efecto en la disminución de la trasmisión”, reafirmó y añadió que esto será posible, según el Plan Nacional de Vacunación, hasta el primer trimestre del siguiente año.

Por lo tanto, aún podría esperarse un año más de vivir con las estrategias del semáforo epidemiológico.

“Mientras tanto, lo que vamos a obtener como beneficio de la vacunación es la disminución de la mortalidad y de la saturación de los sistemas de salud en ciertas poblaciones, por ejemplo, los mayores de 65 años, que son los que más fallecen”, ahonda Díaz.

Las personas de la tercera edad tendrán este beneficio, toda vez que están siendo parte de los primeros grupos en ser inoculados. Díaz recordó que otro grupo que puede verse beneficiado es el personal médico, esto en cuanto se vacune a todo el personal. Así, podrá disminuir la letalidad del virus sobre esta población, que en México es muy alta.

Entonces, la vacunación ayudará primero a disminuir la mortalidad y la saturación de los sistemas de salud, pero aún no podrá aliviar parte del confinamiento, sino hasta que disminuya la transmisión. Sin embargo, esto no solo sucede en México, también en el resto de América latina.

“Por eso es importante, cuando estamos hablando de confinamiento, poner en contexto que México pertenece a Latinoamérica y la población de países en vías de desarrollo, porque así es como podemos entender, por qué en México y casi todos los países de esta región, excepto las islas, no han podido tener un confinamiento radical”, concluye el médico.

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