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Enfermería, uno de los flancos más vulnerables entre el personal médico

2021-05-12 María José Ramírez/Grupo Expansión
dia de la enfermera

Además de una demanda laboral insatisfecha, la crisis sanitaria ha mostrado la importancia de brindar una mayor cobertura de Recursos Humanos a este personal

Además de una demanda laboral insatisfecha, la crisis sanitaria ha mostrado la importancia de brindar una mayor cobertura de Recursos Humanos a este personal que forma parte de la primera línea de cuidados y contención en el sistema de salud.

En el Día Internacional de la Enfermería resulta crucial destacar la labor del personal de enfermería durante la emergencia sanitaria. México tiene apenas 2.8 enfermeras por cada 1,000 habitantes, con un déficit de cerca de 350 mil trabajadores de salud, el país aún está lejos de las recomendaciones de organismos internacionales.

“Los profesionales de enfermería constituyen el principal elemento de los equipos de salud y en muchos lugares de nuestra Región, son el primero y algunas veces el único recurso humano en contacto con los pacientes y las comunidades”, señala la Organización Panamericana de la Salud (OPS):

Este personal atiende a más de 120 millones de mexicanos; cuidan de pacientes en hospitales y llevan a cabo las campañas de vacunación. Sin las y los enfermeros el sistema de salud no sería el mismo. Para hablar sobre la labor de estos trabajadores entrevistamos a Silvia Lylian Bello Pérez, enfermera con 20 años de carrera, emprendedora y asesora de la Jefatura de Servicios de Enfermería del ISSSTE.

 

Durante la pandemia, el personal de enfermería ha sido indispensable, ¿cómo ha sido su labor en primera línea?

Lylian Bello Pérez (LBP): Realmente nosotros somos los protagonistas del cuidado al paciente covid, principalmente porque somos quienes brindan la atención tanto de diagnóstico, tratamiento y de rehabilitación. Estamos a cargo de todo este proceso, es decir, vemos al paciente desde que ingresa a una unidad médica hasta que se da de alta. Además, hacemos planes de cuidado para poderlo orientar en su restablecimiento en casa. Somos quienes estamos a pie de cama en lucha contra la covid-19.

En muchas ocasiones los médicos dan indicaciones, pero quien las ejecuta y quien tiene un nivel alto de riesgo de contagio somos las enfermeras. De hecho, un artículo señala que dentro de los primeros profesionales de la salud que están en riesgo de sufrir un contagio somos nosotras. También demostramos la compasión, la valentía y la respuesta inmediata ante una enfermedad que no conocíamos, tanto su transmisión como sus efectos, ni su cura.

 

Además del riesgo de contagio, ¿cuál ha sido el impacto de la crisis sanitaria en la salud de las enfermeras?

LBP: El mismo Consejo Internacional de Enfermería (CIE), en un análisis a un año de la pandemia, destaca que las enfermeras y los profesionales de la salud enfrentamos un estrés intenso diario, esto ha causado un costo muy elevado en el bienestar físico, pero, sobre todo, en el mental. Se destaca que la fuerza laboral de enfermería está sufriendo un desgaste importante, como el síndrome de burnout o agotamiento, que está ya clasificado como una enfermedad laboral. El CIE ha visto que se ha dado un 80% de aumento en problemas de salud mental en enfermería: hablamos de estrés, ansiedad y agotamiento.

Además de burnout, también se presenta el síndrome de cuidado, que es una preocupación extrema por los pacientes. La misma ansiedad que te provoca estar contagiado o ver a tus compañeros morir. También ser agredida, como se dio en algún momento en la pandemia.

Eran varias preocupaciones, dentro de ellas estaba contagiar a la familia, contagiarse uno mismo, ver enfermar o morir a compañeros de trabajo, las agresiones en la vía pública, que aún se siente la discriminación, por eso evitamos salir con el uniforme. Por eso, la Comisión Permanente de Enfermería (CPE) nos indica que no debemos portar el uniforme blanco en la calle para evitar agresiones.

 

¿Crees que el personal de enfermería ha sido víctima de discriminación antes y durante la pandemia?

LBP: No, jamás. Llevo 20 años de enfermera, me gradué en el 2000. Para mí el uniforme blanco significaba un nivel de respeto y también de responsabilidad de portarlo. Tenemos ciertas reglas, como enfermeras somos muy disciplinadas. No comemos en la calle. No podíamos fumar, entrar a lugares donde vendieran bebidas alcohólicas, a antros, usando el uniforme, pues la imagen que debemos representar es de salud.

Al contrario el uniforme clínico a veces era una protección cuando íbamos a vacunar o hacer cercos sanitarios. Al menos los asaltantes o la delincuencia no te llegaba a tocar porque te veían de blanco. Ahora es diferente, pero creo que no tanto como la que sufre cuando dices que eres personal de salud y la gente piensa que la vas a contagiar. Sin embargo, también está la otra parte: recibimos apoyos de supermercados, de aplicaciones de transporte y de comida. Sí hubo apoyos. Frente al Centro Médico Nacional 20 de Noviembre hay una unidad habitacional desde donde nos daban serenata. Sí hubo muestras de cariño hacia nosotros. Sabemos que la discriminación viene del miedo y el desconocimiento de la misma enfermedad.

 

No solo atendiendo casos en hospitales, también han sido desplegadas para la vacunación, ¿de qué otras formas participa el personal de enfermería en las acciones contra COVID-19?

LBP: Estamos en todo, desde la prevención y educación a la comunidad: creamos prevenciones estándar para evitar la propagación de covid-19. La protagonista en la vacunación es la enfermera, quien inocula a miles de pacientes somos las enfermeras. Además, quienes mantienen la red de frío, para el almacenaje, mantenimiento y distribución, hasta que se inyecta al paciente, son las enfermeras. Ese es un trabajo arduo de 24 horas, para mantener el biológico a una temperatura adecuada. Si ese eslabón de la red de frío no se lleva a cabo o se rompe, el biológico se echa a perder y ya no sirve de nada. Yo creo que la defensora de los derechos de los pacientes, en cuanto a que sabemos que están aislados, también sabemos que no hay personal, como trabajadoras sociales suficientes para poder gestionar las videoconferencias, les prestamos nuestros celulares para que los pacientes puedan comunicarse con sus familias. Cuando están en fase terminal hacemos esa parte de cuidados paliativos.

Desde el diagnóstico, tratamiento y la rehabilitación, somos nosotras quienes apoyan en esas tareas. Damos la rehabilitación respiratoria; también, indicamos cuáles son los signos de alarma, cuándo tienen que regresar al hospital, cómo utilizar el equipo biomédico o los dispositivos médicos —ya sea un oxímetro o un baumanómetro electrónico— y educación a  la salud.

 

¿Cómo crees que será vista la enfermería después de la pandemia? ¿Habrá un reconocimiento real a su labor?

LBP: Creo que aún nos falta, porque no estamos en el nivel de tomadoras de decisiones; es decir, no hay enfermeras diputadas, senadoras. Llegamos a un rango medio-alto, pero jamás de tomadoras de decisiones cruciales. Eso hace que no tengamos tanto liderazgo, tanta creación de políticas públicas a favor de nosotras. Nosotros representamos al 40% de todos los profesionales de la salud en el mundo —del 40 al 60%, dependiendo de donde estés—. Aun así, somos un gremio realmente de mujeres que tiene un estigma, es decir, se necesita quitar ese prejuicio de que somos asistentes del médico o las hacedoras de los cuidados.

Todavía nos falta por crecer, mucho porque no somos un grupo homogéneo. Somos un grupo muy heterogéneo donde tenemos desde auxiliares de enfermería, de cursos de seis meses, hasta personas con dos doctorados. Además fuimos educadas por médicos, nuestros docentes siguen siendo ellos. Ese es un gran paradigma que debemos de romper: que nos vean como profesionales del cuidado. Pero nos falta demostrarle a la sociedad que somos inferiores a los médicos.

Por ejemplo, la campaña Nursing Now creó el documento “Impacto en la enfermería”, donde se muestra que si se quiere alcanzar los compromisos del milenio para mejorar la salud del mundo se necesita fortalecer la enfermería. Se recomienda invertir en enfermería, ya que ese personal puede llevar a cabo la enfermería práctica avanzada o el rol ampliado de enfermería, donde en muchas partes del mundo ya podemos prescribir medicamentos, haciendo que tomemos decisiones.

Aquí en México ya está normado, podemos prescribir medicamentos aunque con muchas limitaciones. También se busca que dirijamos unidades médicas; en el ISSSTE ya tenemos enfermeras a la cabeza de unidades de primer nivel de atención.

 

¿Cómo impactó el déficit de personal de enfermería en la atención de la pandemia?

LBP: Esto ha impactado muchísimo. La OCDE indica que debería haber 8.6 enfermeras por cada 1,000 habitantes. Nosotros tenemos 2.8, en el ISSSTE tenemos 2.4, entonces, estamos muy por debajo del estándar. Esto hace que no tengamos la capacidad de cubrir la población. Sí se evidenció un déficit histórico de enfermería y más de enfermeras especializadas en cuidados intensivos. Incluso cuando la tercera especialidad más estudiada en enfermería, en México, es cuidados intensivos, después de administración y quirúrgica. Lo que sí se hizo fue tomar a recursos humanos que van saliendo de formación, de la universidad o escuela; sin embargo, el problema es que no tienen la experiencia, por lo que este personal es muy vulnerable para enfermarse —ya en hospital uno hace resistencia a ciertas enfermedades, inmunidad adquirida—.

Cuando nosotras [las de mayor experiencia] ingresamos al sistema de salud no estaba colapsado y había gente que tenía paciencia de explicarnos; mientras que ahora esta generación entra de golpe, con déficit impresionante.

 

Y, ¿cómo convencer a las nuevas generaciones del papel tan relevante que tienen las y los enfermeros en la atención médica?

LBP: Se trata de un trabajo totalmente de promover qué es la enfermería. Esta profesión sí tiene un gran desgaste físico y emocional, no es un trabajo fácil, donde cuando tienes dos trabajos sí ganas muy bien. El problema es el desgaste tan grande, en comparación con los médicos que pueden tener dos, tres hasta la privada, porque el desgaste no es tan grande como el de nosotras.

Pero si se está en una institución como el IMSS o el ISSSTE, la misma Secretaría de Salud, puedes ir escalafonando. Hay mucha oferta educativa. En el ISSSTE, por ejemplo, no es costoso hacer posgrados. Se puede acceder a una educación continua, formarnos ayuda a ir creciendo en el escalafón y tener un buen sueldo con prestaciones. Enfermería no corre el riesgo de desaparecer, como otras profesiones.

 

Las nuevas generaciones tienen que tener en cuenta que la vocación es esencial, sin eso no se lograría crecer. Hay cosas que nadie quiere hacer, más que uno mismo.

 

¿Qué recomendaciones le haces al personal de enfermería en cuanto profesionalización y cuidado de salud personal?

LBP: Nosotras tenemos que ser ejemplos de salud. Desafortunadamente, en los estudios que se han realizado, somos el personal más enfermo. Es una contradicción total. Esto sucede porque ponemos los cuidados de otros como prioridad y nos olvidamos de nosotras. Es necesario cambiar ese chip.

Es muy importante empezar a innovar, investigar y emprender. Siempre somos empleadas de una institución, de un médico o una casa de asistencia. Necesitamos más enfermeras emprendedoras. En este caso, soy enfermera gerontopediatra con una maestría en Educación, en la que me impulsaron a sacar un proyecto de negocio con una crema especial para el cuidado de la piel del adulto mayor. Ya estamos con los registros de Cofepris.

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