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Prepararse para las pandemias, tarea de la CEPI

2020-08-28 María José Ramírez/Grupo Expansión
CEPI pandemias

La pandemia del SARS-CoV-2 le ha recordado al mundo la importancia de la previsión, la coordinación y la colaboración global para enfrentar amenazas de nuevos patógenos.

La influenza aviar tiene al mundo en alerta desde hace tres años: se creía que en cualquier momento podría salirse de control. Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) ya la vigilaban desde 2017.

En el artículo The world is not ready for the next pandemic de la revista Time, escrito ese año, Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesotta, declaraba que el mundo se encontraba frente algo grande ante el H7N9, pero nadie estaba realmente preparado para la verdadera pandemia.

Como el virus H7N9 o el SARS CoV-2, que actualmente mantiene las economías del mundo y al personal de salud en constante estrés, existen diversos patógenos desconocidos que podrían significar una amenaza. Por lo que expertos en salud global, como Margaret Chan, exdirectora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y Tom Frieden, exdirector de la CDC, han alertado desde hace años de la poca preparación que se tiene a nivel global para prevenir pandemias.

“Si algo ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas probablemente será un virus muy infeccioso, más que una guerra”, dijo Bill Gates declaró en una Ted Talk en marzo de 2015, refiriéndose a la nula preparación de los países ante un brote inminente.

Por ello, Bill y Melinda Gates decidieron apoyar, a través de la Fundación Gates, a la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI por sus siglas en inglés), una iniciativa público-privada para el desarrollo de vacunas. Tan sólo la Fundación Gates se comprometió a invertir 100 millones de dólares en esta nueva iniciativa.

En entrevista, el mexicano Raúl Gómez Román, biólogo molecular y celular y coordinador en la CEPI de investigación y desarrollo de COVID-19, la Coalición surge en 2017, en el Foro Económico Mundial de Davos, a raíz de una iniciativa de varios gobiernos, entre ellos el de Noruega, India, Japón y agencias filantrópicas como la Fundación Wellcome Trust del Reino Unido y la Fundación Bill Gates.

“Se aglutinan todas estas fuerzas a raíz de que se reconoció que en la epidemia del virus del Ébola de 2014 faltó coordinación de esfuerzos. El ejemplo más claro fue que ya existía una vacuna, para cuando brotó la epidemia del virus del Ébola en África Occidental —en Liberia, en Sierra Leona, en Guinea—, ya existía una vacuna”, dice Gómez Román.

El problema es que se tenían más de 10 años con una vacuna en fases de investigación y desarrollo, pero por falta de coordinación no había llegado a probarse en humanos a la escala necesaria para implementar la inmunización.

Para cuando finalmente se aprobó y se registró la vacuna ante las instancias regulatorias ya habían muerto 10,000 personas a causa de la infección por este virus.

A raíz de esta epidemia se aprendió una valiosa lección. “Varias instancias filantrópicas y gobiernos se dieron cuenta de que hacía falta esta coordinación a nivel internacional, entonces, unen fuerzas y se crea esta nueva iniciativa denominada la Coalición para las Innovaciones y Preparación para las Epidemias”, señala el biólogo molecular en entrevista desde Oslo, Noruega, donde se encuentran las oficinas de la Coalición.

“Ellos participaron en el Foro Mundial de Davos en 2017, fueron unos de los primeros emprendedores filantrópicos que decidieron apoyar la creación de esta coalición. Ellos son unos de nuestros donantes, tienen un voto, por así decirlo, en nuestro Consejo de Donantes”, explica el científico sobre la relación con la Fundación Gates.

El objetivo de esta iniciativa es coadyuvar a la investigación y desarrollo, pero, también, facilitar que esas vacunas logren su registro. Otra de las prioridades de CEPI es que se logre el acceso equitativo a esas vacunas en las poblaciones donde se requiere.

La Coalición se concentra principalmente en enfermedades infecciosas con potencial pandémico, como el Ébola y otros virus, como el Nipah o la fiebre de Lassa, que en un inicio empezaron a estudiarse como parte de esta colaboración.

 

Desarrollo continuo de vacunas

Antes de la aparición del nuevo coronavirus, la Coalición ya apoyaba diversos proyectos para el desarrollo de vacunas contra el virus del Nipah, el MERS, la fiebre de Lassa, la fiebre del valle del Rift (RvF por sus siglas en inglés) y Chikungunya.

“De un inicio se toman tres enfermedades infecciosas como posibles ejemplos, o posibles enfermedades o patógenos con potencial pandémico. Uno de ellos es la fiebre de Lassa, el virus del Nipah y el coronavirus MERS”, dice Gómez Román y añadió que se están apoyando vacunas para investigación y desarrollo en contra del Chikungunya y también contra de la fiebre del valle del Rift.

Incluso con la emergencia sanitaria a nivel global, esos proyectos no se han detenido, aunque la prioridad ha sido abocarse a la pandemia y reenfocar algunos esfuerzos hacia el SARS-CoV-2.

Actualmente, la CEPI tiene proyectos que apoyan cuatro distintas vacunas en contra del virus del Nipah. Raúl Gómez Román señaló que uno de esos proyectos ya se encontraba bastante avanzado, ya se estaba empezando a probar en humanos y a raíz de lo de COVID-19 se decidió detenerlo temporalmente, por razón de prioridad y para no exponer a las personas que estaban yendo a participar en este protocolo de investigación.

Esto no significa que el trabajo se haya detenido de manera indefinida, sino que por cuestiones de incidencia en los sitios donde se estaba llevando a cabo la investigación se decidió postergarla. Los proyectos aún siguen en pie.

En los cuatro proyectos de vacunas para el virus Nipah participan la Universidad de Tokyo con un financiamiento de 31 millones de dólares (mdd); Public Health Vaccines con un financiamiento de 43.6 millones de dólares; Profectus Biosciences, Emergent Biosolutions &Path con un financiamiento de 25 millones de dólares; y Janssen Vaccines y la Universidad de Oxford, quienes también se encuentran desarrollando vacunas para fiebre de Lassa y MERS, con un financiamiento de 19 millones de dólares.

 

Los coronavirus llegaron para quedarse

No es la primera vez que un coronavirus causa una pandemia. La epidemia de SARS, originada en China en noviembre de 2002, se extendió por 26 países, con 8,098 casos confirmados y 774 muertos, y fue causada por el coronavirus SARS-CoV.

Otro coronavirus que también llegó a provocar una epidemia fue el MERS-CoV y su primer brote fue registrado en Arabia Saudita en 2012; ese mismo virus afectó a Corea del Sur en 2015. Este coronavirus aún no ha podido ser erradicado; sin embargo, de acuerdo con datos de la OMS, los muertos por MERS solamente suman 858.

Antes de la pandemia de SARS-CoV-2, la CEPI ya se enfocaba en la preparación en contra de posibles virus que pudieran emerger, es decir, se estaban preparando para posibles pandemias de una enfermedad de un patógeno x, porque se pensaba que sería inesperado, como lo fue el nuevo coronavirus.

“A raíz de esta preparación se diseñaron mecanismos o investigación en desarrollo de tecnología de vacunas, de plataformas rápidas”, asegura Gómez Román. Estas tecnologías son plataformas de tecnología de simulacros en los que se invierte en tecnologías para desarrollar vacunas.

El biólogo molecular explica estas plataformas ayudan a tener las vacunas listas, o casi listas, para que, en el momento en que se presente un patógeno nuevo, se obtenga la secuencia de éste y se la inserte en la tecnología de plataforma que se venía preparando.

“Eso ha sido algo que nos ha ayudado muchísimo en la investigación y desarrollo de las vacunas en contra de SARS-CoV-2”, afirma Gómez Román y agrega que se ha pensado en crear una vacuna para varios coronavirus.

El científico señala que la investigación que realizaban en contra del MERS y las tecnologías que empezaron a desarrollar ayudaron a avanzar mucho más rápido en la investigación y desarrollo.

Uno de los proyectos es de la Universidad de Queensland en Australia, donde están trabajando en una tecnología para la producción de una proteína trimérica, que son las proteínas son los picos de los coronavirus.

“Ellos estaban trabajando justamente en este proyecto contra el MERS y como tenían ya mapeada toda la tecnología para hacer una vacuna contra ese coronavirus, esa tecnología les ayudó para generar una vacuna contra el SARS-CoV-2”, asegura Gómez Román sobre esa vacuna, que ya se encuentra en fase 1 en humanos.

Además, hay grupos de investigación que han pensado que en un futuro quizás se pueda hacer una vacuna bivalente o multivalente, a la que llaman pan-coronavirus, que es una vacuna en contra de varios coronavirus porque están para quedarse.

Asimismo, el científico recalca que existe una diversidad de coronavirus de los que todavía no sabemos, por lo que es importante pensar en tecnologías o plataformas que le permitan a la comunidad científica proteger, en el futuro, a la población no sólo de uno, sino de varios.

 

Inversión en recursos para prevenir en el futuro

La pandemia de SARS-CoV-2 ha dejado claro que el panorama puede llegar a ser bastante desfavorable cuando no se tienen las vacunas y los tratamientos adecuados para contener el brote de un nuevo patógeno. Por ello, es necesario que los tomadores de decisiones inviertan en vacunas y eviten en el futuro otro escenario como el que vivimos actualmente.

Una de las razones por las que surgió CEPI es que para los laboratorios convencionales no hay un mercado comercial, por lo que no tienen un aliciente para invertir en la investigación y desarrollo de nuevas vacunas.

“CEPI llega a cambiar un poco el mercado, tenemos que atender el incentivo o la falta de incentivo financiero”, asegura Gómez Román. Para convencer a los gobiernos y a los tomadores de decisiones antes todo se debe construir un caso bien apoyado de inversión, y mejor ejemplo de esto podría ser el escenario actual.

¿Cuánto está costando la pandemia y cómo se compara con la inversión que se requeriría para producir una vacuna? Gómez Román asegura que para las vacunas que están tratando de apoyar ya han invertido a la fecha 895 millones de dólares, y se requieren aproximadamente 2,100 millones más para los proyectos que tienen pensado llevar a cabo.

“Hemos obtenido, junto con la Organización Mundial de la Salud y con la Alianza de Vacunas Gavi, la promesa de que los tomadores de decisiones se comprometan a aportar aproximadamente 1.7 millones, pero todavía falta un buen para llenar esos huecos de inversión”, agregó el científico.

Para Gómez Román, convencer a los tomadores de decisiones de invertir en las vacunas puede ser bastante simple, pues basta con comparar el costo de cerrar las economías durante todo este tiempo con la inversión.

“Sí es mucho [la inversión], 2,100 millones de dólares es bastante, pero ya hay cálculos de que esta pandemia nos ha salido en un ojo de la cara y vamos a seguirla pagando durante varios años”, agregó el científico.

Se estima que el costo de la epidemia del virus del Ébola, de 2014 a 2016, fue de aproximadamente 53 mil millones de dólares. En ese sentido tuvo un impacto en la economía, en la desaceleración del crecimiento económico en la región de África Occidental.

Entrando en las comparaciones de los costos, Gómez Román señala que el cálculo del costo de producir cuatro vacunas para el virus Nipah que lleguen a fase 2, es de aproximadamente 2 millones de dólares. “Si haces la comparación de la inversión, es poca en cuanto al costo-beneficio que te puede proporcionar y la tranquilidad”, agrega el biólogo molecular.

 El estudio Estimating the cost of vaccine development against epidemic infectious diseases: a cost minimisation study (Dimitrios Gouglas, 2018. The Lancet, volume 16, issue 12), señala que el costo por desarrollar una vacuna para una sola enfermedad infecciosa epidémica desde los ensayos preclínicos hasta el final de la fase 2 se encuentra entre 31 y 68 millones de dólares, asumiendo que no hubiera riesgo y que fuera exitosa.

El reporte muestra que, teniendo en cuenta la probabilidad de éxito, el costo medio para avanzar en al menos una vacuna contra una enfermedad infecciosa epidémica hasta el final de la fase 2 puede variar de 84 a 112 mdd (rango de 23 a 295 mdd), a partir de la fase 2 va de 319 a 469 mdd (137 millones a mil millones). El estimado incluye el costo acumulado de las vacunas candidatas que no serían exitosas durante el proceso de investigación y desarrollo.

Además, el científico recalcó la importancia de pensar a largo plazo, “esto significa que, en cuanto a la toma de decisiones, apoyas la investigación y desarrollo de estas vacunas y no tienes que producir una vacuna a muy gran escala”, agrega.

La idea original de CEPI era apoyar la inversión en plataformas tecnológicas, o bien en la investigación y desarrollo de vacunas en contra de tres virus: MERS, Nipah y fiebre de Lassa. Así que, en lugar de producir millones de vacunas, es mejor tener una reserva de un buen número dosis.

Por lo que en cuanto haya un brote de estos virus, ya hay mecanismos de vacunación para que esa reserva de vacunas se envíe al lugar donde está el brote y se apague, de esta manera, en lugar de convertirse en una epidemia y luego en una pandemia, se mitiga el problema de raíz. Presentar estas estrategias podría ser una manera de tratar de convencer a los tomadores de decisiones de que se puede combatir la propagación de un brote en una epidemia.

Para la vacuna contra COVID-19, hasta ahora, la coalición lleva la cartera de nueve vacunas en las que ya han invertido 895 millones de dólares y y se necesitan aproximadamente 2.100 millones en total para los proyectos que planean llevar a cabo. Esto no sólo le permitirá a CEPI invertir en otros candidatos de vacunas, sino que también le permitirá a la coalición seguir apoyando a los que ya financia hasta la fase 3 de los ensayos clínicos.

A la fecha, distintos gobiernos, donantes filantrópicos y empresas del sector privado le han prometido a la coalición 1,400 millones de dólares.

La CEPI necesita recaudar otros 700 millones de dólares. para avanzar en la cartera de vacunas, de manera que tengan múltiples oportunidades de llegar a la meta en la búsqueda de una vacuna COVID-19 segura y eficaz.

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