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Juzgar la reforma energética ¿por resultados o dichos?

2020-07-27 Víctor F. Ramírez Cabrera, Plataforma México Clima y Energía
poner en la balanza logros contra dichos

Image composed from OpenClipart-Vectors, from Pixabay

Que no quede lugar a dudas: los actos indebidos o de corrupción deben ser investigados, juzgados y castigados en caso de confirmarse. Defender a un político es una oportunidad constante de quedar en ridículo. Los políticos son seres humanos que se equivocan igual que todos los demás o tienen su visión particular. Sin embargo, sus errores o visiones distintas tienen mayor impacto que las del resto de los humanos. Por eso sería inútil defender a políticos que hayan aprobado, impulsado o rechazado cualquier reforma o cambio legal incluso cuando pueda tener impactos positivos o negativos en la sociedad.

Pero eso de ninguna forma se puede descalificar algún acto, sino que las reformas se deben revisar en su impacto y consecuencias. Y este es el caso de la reforma energética de 2013 y sus leyes reglamentarias.

La iniciativa de reforma energética presentada por el presidente en 2013 solo permitía algunos contratos de particulares con PEMEX para extracción de petróleo. Era una reedición del esquema cardenista, ajeno a la realidad y necesidades actuales de todo el sector energético mexicano. Pero no era la única. El PAN presentó otra iniciativa, que es la más parecida a lo que se aprobó.

La reforma energética significó uno de los procesos más y mejor trabajados desde el punto de vista legislativo. Se integraron al menos dos iniciativas distintas, se consideraron y tomaron en cuenta y pesaron mucho las opiniones de la oposición, al grado que la reforma de mayor impacto nacional y más largo plazo fue producto de la negociación: la reforma eléctrica, no considerada en la iniciativa inicial enviada por el presidente al Congreso, pero sí contenida en la iniciativa del PAN.

Ahora bien, la reforma aprobada ¿dio espacio a más corrupción? Definitivamente no, por dos razones.

Primero, la competencia. El Estado no tenía dinero para cubrir las necesidades del sector energético; se necesitaba inyección de capital para modernizar al sector y satisfacer la demanda creciente. Pero pasar los activos de un monopolio público a uno privado habría tenido los mismos defectos en el largo plazo. Es por eso que la privatización del sector telecomunicaciones tuvo efectos positivos en el usuario hasta después de varios lustros, cuando se materializó la participación de otras empresas. Considerando lo anterior, en la reforma energética se optó por permitir y promover desde el principio el capital privado en competencia, excepto en las áreas que se consideran un monopolio natural, tecnológicamente hablando.

Pero ningún mercado es real si hay simulación, ocultamiento de cifras, arreglos. Por eso era necesario el segundo punto: la transparencia. Las licitaciones de áreas de exploración y producción petroleras (rondas) se hicieron de forma que grandes consorcios llegaron a participar en ellas. Excepto el rumor de que un político estaba detrás de una empresa (en la que efectivamente participó y dejó de participar años antes de la reforma) fueron consorcios de empresas grandes que pelearon, incluso por decimales de diferencia, por ganar las adjudicaciones dando un mayor pago de impuestos para explotar y perforar, sin políticos ligados a ellas.

En el sector eléctrico esto también fue impresionante. Las subastas de energía eléctrica de largo plazo generaron la llegada de inversiones muy importantes al sector, empresas con presencia mundial, no ligadas a políticos mexicanos. Es más: la empresa mas vapuleada en esta administración por su relación con un expresidente, ni siquiera participó como ofertante en las subastas.

Una reforma hecha para el negocio de políticos hubiese cerrado la participación, limitado ésta a una alta presencia, por ejemplo, de participación nacional, se hubiera centrado en darle más recursos a PEMEX y contrataciones por adjudicación directa (capitalismo de cuates), inicio de grandes obras de infraestructura con contratistas cercanos, locales, ligados a políticos mexicanos. En lugar de eso lo que sucedió fueron procesos mundiales, abiertos, supervisados gracias a los cuales se logró la confianza del inversionista, al no ver manchado esto de política.

Tal vez hubo problemas en la implementación, que son inevitables, pero incluso de ellos se aprendió. Por eso las versiones de las rondas y de las subastas fueron mejorando, pero no por razones ligadas a políticos o corrupción de ese lado, sino por un fortísimo trabajo técnico.

¿Hubo dádivas o corrupción para aprobar la reforma?

No lo sé, pero si hubo algo ilegal, que se persiga y castigue.

Pero aunque ese fuera el caso, no puede juzgarse la reforma y sus resultados por ello.

La reforma, en el poco tiempo que se pudo implementar, mostró resultados positivos cuantificables para el país: ingresos por extracción de hidrocarburos en algunos campos mayores que las aportaciones de PEMEX, sin arriesgar ni un peso, récords como el costo de energía eléctrica más barata del mundo, instalación de más de 7.5 GW de capacidad renovable y de sistemas de potencia de los más modernos del mundo, multiplicación de capacidad solar de más de 1,500 por ciento en pocos años, nueve mil millones de dólares de inversión sólo en subastas, por lo que falta agregar lo que trajo el mercado eléctrico.

¿Hubo descuidos en CFE y PEMEX? Seguramente, pues la reforma se centró en lo mejor para el Estado mexicano y sus ciudadanos, no en las empresas estatales.

Al final de la reforma, pocos políticos se dedicaron a los “business”, por la propia complejidad que eso significaba. Regresar a monopolios haría exactamente lo contrario. Como ejemplos están la forma turbia en que CFE anunció hace semanas la compra de carbón, en total opacidad, y los contratos adjudicados directamente en la refinería de Dos Bocas a empresas con una semana de creación.

De aplicarse la reforma de forma plena, ¿un político puede hacer negocios en el sector? Claro, pero debería ofrecer el servicio o producto de forma competitiva y competir con otras empresas privadas, igual que cualquier ciudadano.

Regresar al monopolio sería, ahí sí, abrir la puerta a negocios de políticos, en perjuicio del interés nacional, de usted y mío. Justo como ha pasado con el asunto del carbón y la nueva refinería.

Descalificar la Reforma por los posibles actos reprobables que se pudieron dar alrededor de su aprobación sería tan irracional como tener enfisema y seguir fumando porque los nazis fueron los primeros que promovieron una campaña contra el tabaquismo, aunque dejar de fumar le diera beneficios. ¿Usted lo haría?

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