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COLUMNA | Biden y la política energética

2020-11-09 Víctor F. Ramírez Cabrera, Plataforma México Clima y Energía
Biden versus Trump

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Uno de los temas coincidentes entre el actual presidente en funciones de los Estados Unidos y el mexicano es la aversión de ambos a las energías renovables y la negativa, ya sea explícita u oculta, a reconocer el problema del cambio climático y luchar por lo tanto contra él, al grado de que Estados Unidos salió del Acuerdo de París.

Ahora, si bien la administración mexicana ha dicho que se mantiene dentro del Acuerdo de París, sus acciones, como la modificación de los criterios de los Certificados de Energía Limpia, los intentos de modificación de despacho eléctrico, los acuerdos para limitar la incorporación de más generación solar y eólica a la red, la apuesta por incrementar a toda costa la capacidad de refinación o incrementar o por lo menos mantener el uso de carbón, son tal vez igual o más importantes en los hechos que la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, considerando además que la influencia del presidente norteamericano en la política energética de su país es limitada, al estar gran parte de esta en manos de los estados y sus decisiones independientes. Gracias a esto las renovables en Estados Unidos siguieron creciendo. Entonces, podemos decir que en materia energética, eran dos aliados en su política de freno a las renovables.

¿Hubo desencuentros entre las dos administraciones por asuntos energéticos?

Sí, por lo menos uno e importante: el tema de los gasoductos. El asunto de las inversiones alrededor del gas y la industria en general del gas es importante para los republicanos, sobre todo en Texas, lo que hizo que el gobierno norteamericano presionara para que el diferendo se resolviera rápido.

Sin embargo, la complicidad en el resto de los temas permitió que el Estado Mexicano transitara, incluso violando nuestra propia Constitución, afectando inversiones en México sin que el gobierno norteamericano hiciera algo. El tema llegó al grado de que 43 legisladores estadounidenses de ambos partidos enviaran una misiva al presidente Trump el mismo día del debate presidencial, solicitando prestar atención al tema.

A la vuelta de la esquina se vislumbra un nuevo conflicto por el asunto de las gasolinas, tema también importante para los republicanos y los texanos, esto por la falta de permisos diversos para vender sus productos en México. Pero renovables no hay algo… por ahora.

Parece que la historia puede cambiar, por varias razones.

Fue justo un día después de la elección presidencial en Estados Unidos cuando el Estado Norteamericano salió formalmente del Acuerdo de París. Pero ese mismo dia, Joe Biden anunció que regresaría al Acuerdo una vez tomando él la presidencia.

El cambio climático está dentro de la agenda de Joe Biden y de Kamala Harris. Si bien regresar a París sería algo sólo para su país, podría generar presión para que el principal socio comercial y co-firmante del acuerdo comercial retome de facto el camino para cumplir, lo cual abandonó desde diciembre de 2018.

Y no es cosa menor para México. Recordemos que la futura vicepresidenta votó en contra del T-MEC por ser insuficiente en términos de lucha contra el cambio climático. Ahora desde la vicepresidencia se podría tomar acciones para forzar a México a cumplir.

Sin embargo, más allá del asunto climático, la protección de inversiones será fundamental.

En los hechos, Trump sólo defendió los intereses de los grupos de interés cercanos, como el caso de los propios gasoductos; sin embargo, en las primeras horas después de declararse su victoria, el presidente electo declaró vía twitter que gobernaría para todos, lo que debe incluir defender también las inversiones estadounidenses en energías renovables.

La violación flagrante y sostenida del Tratado de Libre Comercio, así como de la propia Constitución y las leyes reglamentarias mexicanas (dicho por legisladores demócratas y republicanos y por el propio poder judicial mexicano, mediante ya dos amparos) son los ingredientes perfectos para iniciar acciones diplomáticas o incluso procesos legales en los que el Estado Mexicano tiene todos los elementos para perder, a menos que estas presiones deriven en retomar el cumplimiento del marco legal vigente. Esto permitiría reactivar y acelerar la economía mexicana y regional de forma importante, sin comprometer o necesitar dinero de parte del Estado Mexicano.

Desde esa perspectiva, la llegada de Biden podrá ser benéfica para el país en el corto, mediano y largo plazos, aunque contraria a la visión nacionalista, centrada en el petróleo y los hidrocarburos, que tiene el gobierno mexicano.

La otra vía sería mucho más dolorosa, cara y terminaría llevando México a una crisis larga y profunda: decidir mantener las decisiones, perder todo en tribunales y tener que indemnizar, además de dejar abierta la posibilidad de la imposición de aranceles, al no cumplir México con los compromisos que compartiría con sus dos socios comerciales.

Esto de los aranceles verdes es importante porque puede forzar acciones que generarían cambios rápidos, a diferencia de los procesos de arbitrajes, que pueden ser muy lentos.

El cambio en la Casa Blanca puede entonces significar el regreso de México al crecimiento de renovables, al estar dentro de la agenda del recién electo Presidente.

Y es que el ejemplo de los gasoductos y de la Guardia Nacional como patrulla fronteriza nos dejan en claro la influencia y poder de quien presida el gobierno del vecino país del norte sobre el presidente.

Esperemos que esta vez sea de nuevo para bien del país.

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