Claves para entender las tarifas eléctricas en México
En respuesta a la siguiente publicación referente al aumento de tarifas, ponemos a su disposición la respuesta de un experto en el tema. (N. del E.)
#AVISO: La #CFE desmiente supuestos aumentos a las tarifas de energía eléctrica; el impacto porcentual fue de 0.23? incremento de un mes a otro y no del 4% como falsamente afirman algunos medios de comunicación y en redes sociales. (Publicado en Twitter el 14 de abril desde la cuenta oficial de CFE, @CFEmx)
La poca comprensión generalizada que hay acerca de las tarifas de energía (electricidad, gas y líquidos inclusive) se ilustra en afirmaciones como esta. Es imposible hablar de porcentajes de incremento porque las tarifas NO suelen ser monómicas.
Las tarifas suelen ser una composición de cargos que obedecen a diferentes bases de cálculo. Hay cargos fijos, variables y específicos. Estos cargos se pueden estructurar por bloques o umbrales. La naturaleza de los cargos suele obedecer a un complejo proceso de diseño tarifario que parte de un nivel de costos, que incluye componentes fijos y variables.
En teoría las tarifas deberían seguir una lógica de costo de servicio. Así está puesto en la Ley. En la práctica, y esto incluso antes de diciembre de 2018, no ha sido aplicado de manera “ortodoxa”.
Estrictamente las tarifas eléctricas hoy (y así han sido desde la década de los 90’s) están muy lejos de ser tarifas eficientes en costos y eficientes en asignación. En su determinación hay muchos costos “empotrados” que no son eficientes. Y en su diseño los grupos tarifaria están llenos de subsidios cruzados.
En ese manojo de distorsiones que hoy es la lista de tarifas, no hay una dinámica en sus valores que refleje las variaciones en los costos de generación.
Por otro lado es un hecho que la base tarifaria, esto es, los consumos en energía o potencia que sirven de “base” en la facturación están cayendo. Lo que llevará a un problema de insuficiencia tarifaria.
Lo recolectado será insuficiente para recuperar el “requerimiento de ingresos” necesario para cubrir los costos de prestación del servicio. Seguro veremos más consumos estimados. Si no hubiera sesgo no debiera provocar una migración de los usuarios domésticos a la tarifa DAC.
Una estimación sesgada puede responder al incentivo de lograr una mayor recolección. La tarifa DAC es una tarifa que corresponde a un perfil de consumo comercial que se aplica a un usuario doméstico. Ejemplifica la lógica intervencionista que siempre ha existido en el tema.
Desde 1995 hubo 3 estudios tarifarios que buscaban poner una asignación más eficiente, con tarifas industriales sin sobrecargos y eliminando subsidios a tarifas agrícolas y domésticas. Políticamente eran suicidios por los incrementos implicados.
Estos ejercicios hacían evidente un problema radical en la tarificación, [por lo que] no ha habido una campaña de medición que permita agrupar debidamente los grupos tarifarios ni a asignar costos en relación a su causalidad.
Así que la inflación no debe ser el principal “driver” de la dinámica de tarifas. Lo que tendría que ocurrir es una revisión tarifaria integral, que sea acorde a la Ley y que imponga mecanismos de protección al usuario.
Un regulador sectorial, como la CRE, suele imponer Condiciones Generales de Servicio (Tariffs) a suministradores como CFE. Los cargos sólo son un elemento de esos Tariffs. En esas condiciones hay reglas de medición, aspectos de calidad del servicio y mecanismos de disputa.
Es una lamentable tradición, desde siempre, no es nuevo, que la determinación de tarifas sea opaca para los usuarios. Aunque en la CRE se muestra una metodología, esta dista mucho de ser un modelo tarifario cabal.
Y típicamente un dinámica de indexación pondera cada componente del suministro, los costos de generación se mueven distinto a los de transmisión, los de distribución y comercialización. Si se toma solo la inflación las distorsiones en términos reales se perpetúan.
¡¡El último estudio tarifario integral se condujo hace 10 años!! Con campaña de medición y estudios de costos marginales de por medio. Y sí, quedó archivado para tiempos menos politizados.
Y hay que decirlo, si el presidente López Obrador interviene en su determinación no será el primero en hacerlo. Gran parte de las distorsiones existentes son efectos acumulados de decisiones de presidentes del pasado que no fueron tan “técnicos” en sus posturas.
Nuestra colorida tarifa 1 con tantas letras (de la A a la F) es producto de muchas ansias de quedar bien con alguna zona geográfica en particular.
Los subsidios son un tema álgido. No solo ha habido trasferencias del erario, esto es del contribuyente al usuario (que nos son iguales aunque sean los mismos); los más graves son los cruzados: la tarifa industrial subsidia a otros grupos, restando competitividad.
Además hoy hay subsidios entre actividades. Los presupuestos entre los segmentos de suministro están distorsionados por los gastos administrativos. Y hoy en un oligopolio gasista donde CFE es el principal actor, es inevitable que haya subsidios entre la logística gasista y los costos de generación.
Más allá de ideologías, las tarifas son un tema relevante para la viabilidad financiera del servicio de suministro, para la competitividad de la actividad productiva, pero sobre todo para las señales económicas detonantes de inversión en la matriz de generación.
Una transición energética sólida requiere unas tarifas robustas técnicamente, sin distorsiones asignativas, con costos derivados del mercado/regulación eficaz y con mecanismos de asequibilidad que operen sin propósitos políticos.
*Este texto fue publicado con autorización de Eduardo Prud’homme, Socio en GADEX y corresponsal especial para México en Natural Gas Intelligence. Síguelo en Twitter en @eprudhomme
