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COLUMNA | Contrarreforma... ¿y el MEM? (parte II)

2020-10-12 Víctor F. Ramírez Cabrera, Plataforma México Clima y Energía
el riesgo de una contrarreforma eléctrica

Image by Alexas_Fotos from Pixabay

El Mercado Eléctrico permite incrementar la disponibilidad de energía en la red eléctrica y que los consumidores de energía puedan disponer de ella buscando tan sólo contratos que les convengan y establecer su centro de consumo (fábrica, supermercado y un largo etcétera) en un sitio relativamente independiente a donde se genera. Es cierto que estar en la misma zona nodal te permite evitar costos y por tanto tener energía más barata, lo que generaría ahorros. Pero estar dentro de una misma zona nodal, donde tus condiciones de producción sean óptimas, abre posibilidades y no tienes por qué estar al lado de la generación.

Así, el usuario se encarga de hacer la labor para la que está especializado (armar, fabricar, vender, transformar, lo que sea) y celebra un contrato con un suministrador de energía, que a su vez, le compra la energía a empresas especializadas en generarla, sin preocuparse por dónde está el parque de generación.

De esta manera, zonas sin gran potencial energético podrían atraer inversión, con fábricas que pueden hacerse de energía y generar empleos de forma más o menos independiente a su ubicación, usando una fortalecida red de transmisión eléctrica que se debería ir construyendo conforme avanza el Mercado Eléctrico Mayorista.

El crecimiento de las renovables fortalece esta idea al ser necesario usar zonas con alto potencial de generación, para entonces transportar la energía y llevarla a las fábricas, que pueden estar a decenas o incluso centenas de kilómetros del punto de generación.

Si se cancela el Mercado Eléctrico y se privilegia a la energía de CFE para entregar energía a la red, el costo de la electricidad tenderá a subir, además de verse limitada la oferta de renovables en el mercado. Entonces, las empresas pueden tener una opción extra para no ver afectada su competitividad por tener que comprar energía cara o no cumplir con sus obligaciones nacionales o internacionales en materia de energía limpia o renovable (recordemos que hay empresas con compromisos más fuertes que las que se firmaron por las naciones en el acuerdo de Paris): poner la generación de electricidad detrás del medidor, al lado de sus fábricas, para que las generadoras entreguen energía a la empresa, no a la red, y solo estén conectadas al sistema eléctrico para recibir la energía faltante o por seguridad. O dicho de otro modo: poner las fábricas junto a donde haya potencial energético renovable.

Ahora, podrá haber empresas pequeñas y medianas que satisfagan su consumo con pequeños parques de generación, pero no todos serán así.

Las empresas más grandes, que además generan empleos directos e indirectos derivados de crear cadenas de valor regionales, son comúnmente grandes consumidoras de energía.

Entonces pueden florecer empresas que empiecen a ubicarse en sitios que cuenten con un potencial alto para generación y al mismo tiempo espacios para su actividad productiva.

¿Dónde es más probable esto?

Consideremos que hay un momento en la historia en la que el capital privado instaló las plantas de generación de energía eléctrica donde mejor le convino: las subastas de energía eléctrica y el mercado eléctrico. Si seguimos esa tendencia, veremos que la mayoría de las plantas se ubicaron en estados del norte del país, algunos en la zona centro y unos pocos en el sur.

Esa tendencia tendría todo para acentuarse con la diferencia de que los parques se establecerían ya no solo para generar energía, sino para toda la actividad productiva.

Eso significaría que tendríamos una súper industrialización en el norte/bajío/occidente del país, donde toda esta actividad sería más fácil, donde hay menos problemas con ejidatarios y espacios más grandes y planos para establecer parques industriales con generadores solares y/o eólicos detrás, mientras que el sur, con menos espacios y más problemas sociales, se iría quedando rezagado.

Es curioso que los estados que el presidente busca promover, los del sureste, podrían ser los que menos proyectos vean (ojo, no que no tengan, sino proporcionalmente menos) y por lo tanto serían los que irían quedándose atrás.

O sea, incentivar el “neoliberal” Mercado eléctrico podría hacer desarrollar al sureste de forma más pareja que regresar al monopolio, donde solo podrías generar para tu propio consumo o comprar al preponderante más caro.

La contrarreforma que propuso en su memorándum el presidente el 22 de julio al sector energético, y que amenaza con ser la base de una contrarreforma energética, podría ser un balazo en el pie para el proyecto geográfico-político-social del presidente.

Algo que siempre hay que hacer cuando se diseña la política pública es realizar estudios prospectivos. Las ideas y ocurrencias suelen terminar mal cuando no se calculan sus consecuencias reales.

Ese es el riesgo aquí.

Se esta actuando conforme al olfato de una persona, cuando ese olfato podría ignorar que eso que “huele bien” puede ser tóxico, tóxico incluso para su proyecto de largo plazo.

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