El Quijote contra los ventiladores
Donde se narra el suceso de cuando un valeroso Quijote arremetió contra unos “ventiladores” que encontró en su camino y de la falsedad de su afrenta.
Cuenta la historia de un hidalgo “de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” que, en sus aventuras inspiradas por múltiples lecturas, se lanzó a la aventura con su fiel escudero acompañante.
Así, cierto día descubrieron “treinta o cuarenta molinos de viento” que había en el campo, y he aquí el breve pasaje:
[…]porque, ves ahí, amigo Sancho Panza, dónde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos sus vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es en gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves—respondió su amo—de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
—Mire vuestra merced—respondió Sancho—, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas que, volteadas al viento, hacen andar la piedra del molino.
—Bien parece—respondió Don Quijote—que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes: y si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Este tipo de pasajes literarios, reveladores de “la distancia irónica de la realidad”, no parecen hoy muy lejanos de nuestra realidad actual. Sobre todo, cuando escuchamos frases como la mencionada de Andrés Manuel López Obrador:
“Los molinos (en La Rumorosa) son resultado de las tranzas de los gobiernos neoliberales. Nunca más habrá permisos para afectar el medio ambiente para la contaminación visual de aquel paisaje. […] Con este hecho se expresa la falta de sensibilidad de los gobernantes autorizaron esos ventiladores para producir energía eólica. Miren cómo afectan el paisaje, la imagen natural. ¿Cómo se atrevieron a dar permiso para instalar estos ventiladores? Pueden decir que se genera energía eléctrica —muy poco; además son negocios privados porque se tiene que subsidiar a estas empresas. Son de las tranzas que se hacían en el periodo neoliberal”
Con este hecho, dice el titular del Ejecutivo, “se expresa la falta de sensibilidad de los gobernantes” que “autorizaron esos ventiladores para producir energía eólica. Miren cómo afectan el paisaje, la imagen natural. ¿Cómo se atrevieron a dar permiso para instalar estos ventiladores? Pueden decir que se genera energía eléctrica —muy poco; además son negocios privados porque se tiene que subsidiar a estas empresas. Son de las tranzas que se hacían en el periodo neoliberal.”
¿Quién será el noble escudero que trate de hacer entrar en razón a este caballero, que le que haga ver que estos no son molinos sino gigantes de la generación de energía limpia y barata, y que combatirlos no aporta ni engrandece su causa? ¿Quién le dirá de la importancia de su existencia, de la inversión privada que les dio vida y que hoy es más necesaria que nunca en nuestro país? ¿Entrará en razón este caballero andante antes de que los hechos y los números reviren a su lanza?
Los aerogeneradores de La Rumorosa aprovechan uno de los enormes recursos naturales con los que cuenta nuestro país: el viento. Tan solo uno de los dos parques eólicos que operan en la zona genera el 80? la energía eléctrica para alumbrado público que requiere la ciudad de Mexicali, además de flujo de capitales y empleos, tan necesarios en estas épocas difíciles en las que las sombras de la pandemia de COVID-19 y la desaceleración del mundo amenazan la continuidad de tantos. (El otro parque es inversión puramente privada y la energía que genera se exporta a Estados Unidos.)
A decir de Víctor Ramírez Cabrera, vocero de la Plataforma México Clima y Energía, los “molinos” que antes nos permitían preparar alimentos, hoy “nos permiten generar energía eléctrica (y) son una de las formas más baratas y más limpias de generar energía eléctrica en todo el mundo. Es falso que requieran algún tipo de subsidio de parte del Estado. Hay alrededor de 11 mil millones de dólares invertidos en proyectos eólicos a lo largo y ancho del país. Y eso es muy importante.”
Si bien el parque eólico referido es uno de los orgullos de las inversiones estatales que Baja California realizó hace cerca de 10 años, y del cual expresó su orgullo hace poco, los más de 54 parque eólicos que operan en nuestro país están construidos en su mayoría con inversión privada, y han logrado entregar la energía más barata y limpia de la que se tiene registro no solo en México, sino en el mundo.
“Hay dos preocupaciones sobre el mensaje que da el presidente. Por un lado, está hablando mal de la inversión privada, cuando el país lo que necesita es inversión privada para poder salir adelante, para poder generar empleos, para poder generar impuestos e ingresos al Estado y por el otro lado necesitamos energía limpia para cumplir con nuestros tratados internacionales y poder cumplir con el protocolo de París. Y sin duda el COVID es una lección de que necesitamos ponerle mucha más atención al tema del cambio climático y de respeto a la naturaleza”, refiere Víctor Ramírez.
No estamos en momento de combatir la inversión privada. Estamos en momento de mandar señales de confianza, de dejar de combatir a los gigantes y dar la bienvenida a los aerogeneradores.
Bueno, ¿y en qué acaba el episodio de los molinos?
Tras la derrota del Quijote ante ellos, Sancho acude a toda prisa a socorrer a su amo, diciéndole:
—¡Válame Dios! —dijo Sancho—. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
—Calla, amigo Sancho— respondió Don Quijote—; que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza; cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquél sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo, al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.
Si el susodicho Frestón era un conservador, eso, estimado lector, es mera coincidencia...